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Cuando los padres utilizan la culpa para educar

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  • Es cierto que emplear la culpa en la crianza aumenta el control que se tiene sobre el niño, pero esto tendrá consecuencias negativas en el desarrollo emocional y la autonomía de los pequeños.

Casi todos los padres han pasado por una situación similar a la siguiente: su hijo no quiere comer verduras porque no le gustan. Pero hay distintas formas de resolver un problema así. La escritora colombiana Edith Sánchez sugiere en el blog La Mente es Maravillosa que una de ellas es la que emplea la culpa para educar. Desde esta perspectiva, se le dirá al pequeño que un buen niño debe comer lo que se le dé sin protestar.

Desde un enfoque que busca la reafirmación, por el contrario, se le dirá al niño que los campeones comen verduras porque dan un inmenso poder. Quizá ambas perspectivas logren que el niño coma sus verduras, pero en su mente tendrá efectos distintos utilizar uno u otro argumento.

La autora explica por qué para algunos padres resulta tan atractivo recurrir al primer enfoque. “Es cierto que emplear la culpa para educar aumenta el control que se tiene sobre el niño. Esto facilita la labor de un padre autoritario. El chico se llena de temores, de condicionamientos morales, y así se vuelve más manejable”, sostiene Sánchez.

“Obedece más fácilmente porque su voluntad se vuelve más débil. Se sale menos de la normas, porque el miedo a hacerlo es muy fuerte. Entonces se convertirá en una persona dócil, pero no libre, ni feliz”, recalca.

Al nacer de una sanción simbólica y social, la culpa genera malestar emocional, afirma la autora. Además suele resultar contraproducente para la educación, ya que la culpa no genera responsabilidad. “Tampoco promueve la autonomía, ni permite que cada persona elija desde la libertad aquellos valores en los que cree o no. Al utilizar la culpa para educar, en realidad no se educa, sino que se condiciona al niño”, dice la escritora y periodista colombiana.

También nos recuerda que un niño necesita orientación y que los padres deben ofrecerla en unos términos que les permitan a sus hijos reafirmarse. Lo ideal para Sánchez es que los padres enseñen a pensar al niño en función de las consecuencias de sus actos. “Para eso, es importante que se le ayude a reconocer sus emociones, sus deseos, los límites de los mismos y los por qué de ellos”. De esa forma se irá ampliando el margen para que aprenda a elegir.

Si te interesa profundizar en este tema, te invitamos a hacer click en el artículo original de Edith Sánchez, donde desarrolla más ampliamente sus argumentos.

Fuente: La mente es maravillosa

Publicado el 12 de julio de 2018

 

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